Chloè


Cuando es sangre azul lo que corre por tus venas parece que tienes que estar predestinado a llevar una vida magnifica en casas de ensueño, rodeado de lujos que mostrar en las páginas del papel Couché, levantando continuas envidias alrededor al proyectar una vida basada en la vanidad y las apariencias.

Pero, como en muchas ocasiones, esas apariencias no dicen toda la verdad…

Chloé, a pesar de proceder de un importante linaje francés que le proporcionaba un ajetreado tren de vida dividido entre fiestas, cocteles y cruceros, conocía también la otra cara de la moneda.

De pequeña sufrió una gran confusión hacia la figura materna en su hogar, pues había sido criada entre algodones, pero por su “Nani”. Sentía un gran abandono emocional por parte de sus padres, los cuales llevaban al extremo su egoísmo al seguir su vida como si no hubieran tenido hija alguna excepto, claro está, en los compromisos sociales en los que se veían obligados a llevarla.

Se podía decir que Chloé y sus padres vivían en una misma casa en la que apenas convivían.

Había ocasiones en las que, una vez que su Nani la había acostado, conseguía escaparse de la cama para mirar sin ser vista, desde lo alto de la escalera, el convite organizado.

Los barrotes de la barandilla le impedían ver con claridad todo lo que ocurría en la planta inferior, pero aquellas vistas le proporcionaban la información necesaria acerca del modo de vida de sus padres, los cuales eran capaces de gastarse miles de euros en collares de perlas pero eran incapaces de molestarse en conocer a su propia hija.

Se había criado en un mundo de oro y relaciones frías, en las que hasta su propio chófer le preguntaba más a menudo, y con mayor interés, por su estado de ánimo que cualquier otra persona del círculo social en el que se movía su familia.

Años después, tras licenciarse en arte dramático y haberse casado con Edward, un importante empresario Inglés, consiguió formar un hogar en el que no sentirse tan sola y con quien suplió su tímida necesidad de cariño.

La máxima aspiración de Chloé es llegar a ser madre. Quería demostrar que ni el linaje ni una vida social intensa servirían para frenar el amor hacia sus hijos.

Juanito a menudo me recuerda las ganas que le daban de abrazarla al verla entrar por el umbral de la puerta de nuestro laboratorio pese a la frialdad de su sonrisa siempre oculta por un velo de misterio.

A pesar de que nos comunicábamos en inglés, siempre tuvo un fuerte acento parisino que me recordaba sus orígenes nobles de los cuales renegaba.

Esta mañana hemos recibido un mail suyo en el que nos convoca a los dos a un convite al que hay que asistir de etiqueta. Estamos deseosos de que sea para darnos esa buena notica que tanto tiempo lleva esperado.

Pero lo que sobre todo espero es que Juanito se vista por una vez en su vida y no vaya dando el espectáculo, porque ya me veo en todas las revistas con comentarios sobre mi querido compañero de experimentos luciendo su espectacular tez blanca y brillante.

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